Testimonios

Ovodonación, nuestro milagro

4 de mayo de 2024

«Nunca pensamos que sería tan difícil buscar nuestro segundo hijo o hija. Nuestra primera hija fue concebida de manera espontánea; actualmente tiene 9 años y hace 4 años nos pusimos en campaña para embarazarnos nuevamente.

Yo ya tengo 38 años, sabíamos que estábamos contra el tiempo. Comenzamos de inmediato con los exámenes y todo parecía normal. Partimos con la primera inseminación que no resultó, pero la segunda nos trajo una breve alegría: un positivo que resultó ser un embarazo sin embrión. Esa fue nuestra primera caída, una pena enorme, pero nuestra esperanza de que pronto iba a resultar nos ayudó a seguir adelante. Pasamos directo a FIV, pensando que ahora sí íbamos a la segura, confiados en que logramos varios óvulos fecundados. Casi nos caímos de espaldas cuando solo dos llegaron al día 5.

El trago amargo vino después: debido a mi edad, me aconsejaron hacer un estudio genético, y ningún embrión era viable. Cada día sentía más el peso de la infertilidad. Te vas sintiendo más sola, muy pocas personas saben en lo que estás y empiezas a aislarte.

Con esos resultados nos enfrentamos a una gran interrogante: ¿Lo intentábamos nuevamente con mis óvulos? ¿Pasábamos a la ovodonación? Para ser completamente sincera, no lo pensamos mucho y nos fuimos «a la segura», según nosotros, con la ovodonación. «Ahora sí nos resultará», nos repetíamos ilusionados. Además, ya no había bolsillo ni corazón para aguantar más noticias devastadoras. Iniciamos el proceso súper esperanzados, y tres embriones llegaron al día 5, tres posibilidades de ser padres nuevamente, no nos podía ir mal…

La primera y segunda transferencia fueron negativas. ¿Qué estábamos haciendo mal? Con el tercer embrión nos recomendaron hacerle un estudio genético, pero este no sobrevivió al descongelarse. Quedamos en cero nuevamente y destruidos. Decidimos parar un poco; ya era demasiado sufrimiento. Yo dudaba si quería seguir intentando, mi esposo estaba más optimista. Nos fuimos de vacaciones para recargar energías. Los dos estábamos al límite emocional y financieramente, pero después de un tiempo tuvimos claro que para cerrar el capítulo necesitábamos hacer un último intento de ovodonación, pero esta vez con estudio genético.

También, antes de empezar a hacerme todos los exámenes nuevamente, me hice una prueba de embarazo solo para descartar. Ya estaba súper perdida con mis fechas, me había desconectado de todo, y fue positivo. Lloraba de alegría, de angustia, de miedo. No quería ilusionarme, pero era inevitable. Era como un milagro. Fuimos a la ecografía de las 7 semanas y escuchamos su corazón. Era la gloria, estábamos súper embarazados, hasta que llegamos al control de las 10 semanas y escuché la peor frase: «No hay latidos». Me desmoroné completamente. Ya no podía más de dolor. El legrado no me ayudó a vivir este duelo. Lo considero la peor experiencia de mi vida porque no tuve acompañamiento ni contención. Mientras estuve hospitalizada, estaba en la misma habitación con futuras mamás. Escuchar todo el rato el llanto de los recién nacidos realmente fue una pesadilla.

Nos tomó un tiempo, y decidimos hacer el último proceso de ovodonación. Cambiamos de médico, hicimos muchos exámenes, ensayos de transferencia. Me empecé a tratar como si tuviera trombofilia, a pesar de que todos mis exámenes salían buenos. Finalmente, solo dos embriones transferibles, de buena calidad: un niño y una niña. La primera transferencia fue negativa (nuestra niña). Ahí, para mí, se acabó todo, ya no quería nada más, ya no quería sufrir más. Yo ya estaba aceptando que seríamos una familia de 3, pero nos quedaba un embrión, el último intento. Quería que todo acabara pronto, cerrar este capítulo tan doloroso de la infertilidad. Iba pensando que sería negativo, que cerraría el libro y retomaríamos nuestras vidas, pero la vida nos sorprendió con un gran positivo.

Lo primero que sentí fue miedo, siempre esperando que en cualquier momento algo malo pasaría. Pero la vida al fin nos sonrió y aquí está durmiendo junto a mí, con 3 meses ya, mi amado Antonio.

Decidí escribir mi historia porque lo que me ayudó a sobrellevar esto fue entrar en la Comunidad Fenn y leer sus historias y saber que no estás sola, que no eres la más infértil del mundo. Agradecida de todo lo que aprendí con ustedes. Ojalá pronto y ojalá todos tengan su valió la pena.»

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