Fundación fënn

Testimonios

Mi embarazo de una hora

30 de mayo de 2023

Nunca me imaginé siendo madre, pero cuando llegaron las ganas, nada las detendría. Cuatro años intentándolo, con esa angustia y esa pena que ya era mi compañera de cada mes cuando llegaba la regla.

Por miedo y por plata, los tratamientos de fertilidad no eran opción, hasta que lo fueron. Y decidimos ir con todo…

Montones de exámenes, para mi esposo y para mí, y en uno de ellos me pedían llevar un test de embarazo cerrado que me debía tomar justo antes realizar el procedimiento.

La espera fue larga, la atención mala. Recuerdo a una enfermera bien pesada que notoriamente estaba enojada por algo. Finalmente me llamó y me hizo pasar al baño a tomar el test. Lo hice rápido, sin esa esperanza de pruebas anteriores donde contaba los segundos para ver el resultado. Esta vez no era así, no había ilusión, solo miedo porque sabía que el procedimiento que venía era doloroso.

La enfermera me apura, claro, seguía molesta. Termino de arreglarme, tomo el test y lo miro de reojo. «Embarazada»

Mi corazón se paró. Salí tiritando y se lo mostré a la enfermera a la que le cambió el rostro automáticamente. «Esto está malo» le dije. No puede ser, vengo a este examen porque soy infértil. Ella reía y decía «pues claramente no lo eres».

Salí a buscar a mi esposo que estaba en sala de espera, lo miré con el test en la mano y le dije «salió positivo, estoy embarazada» creo que lo dije muy fuerte porque todos escucharon.

La enfermera que me había seguido me acompañó a recepción y le pidió a una de las chicas que me buscarán un sobrecupo con cualquier gine, el primero que pillaran. Yo todavía tiritaba y me dijeron que en 1 hora me podría atender uno.

Nos sentamos a esperar y ahí comenzó mi embarazo de una hora. Vi mi futuro con mi bebé, vi mi panza, vi a mi esposo hablándole, vi el momento en que le contaríamos a la familia, vi nuestro sueño hecho realidad. Nos vi como padres, me vi como mamá.

Llegó el momento y el doctor, a quien la enfermera ya le había contado todo, me dice felicitaciones! La poca cordura que me quedaba me hizo decirle «calma, veamos bien primero»…

Me senté en la silla, sí en esa silla, y de ahí todo fue deshielo tras deshielo. «No veo lo que me gustaría ver» «estás teniendo un aborto» «lo lamento» «puedes ir a casa y esperar que ocurra solo o yo puedo apurarlo acá, es tu decisión»

El resto de la historia se repite como en muchos casos. Nunca había llorado tanto, o sentido una pena así tan profunda. Tampoco había sentido nunca tanta incomprensión. La compañera que te dice «al menos pero tenías poquitas semanas” o los comentarios del tipo «tranquila! son súper comunes los abortos» la desilusión, el miedo, la pena, la duda. Los golpes duros de aquellos comentarios donde minimizan tu dolor o lo miden en relación con la cantidad de semanas que tenías. Como si cuatro años de intentos no significarán nada. Como si esa hora no hubiese existido.

Nuestra historia tiene final feliz. Nuestra historia tiene final feliz. Meses después y gracias a una FIV, conseguimos ese huevito. Ese único huevito en el que depositamos toda nuestra fe y amor.

Ahora nuestro huevito tiene dos años y se llama Valentina.

Me recuerda cada día que todo VALIÓ LA PENA❤️