Fundación fënn

Testimonios

El largo camino a mis hijas

21 de agosto de 2023

A mi me tocó vivir la infertilidad, pero hace más de 10 años. Cuando todo era más secreto y se sabía muy poco de los tratamientos.

Nos casamos con mi marido a los 29 años y nos fuimos a vivir al Sur. Al poco tiempo de casados nos pusimos en campaña, de coincidencia al mismo tiempo que con unos amigos. Obvio que a ellos les resulto altiro y a nosotros no.

Ya con un año tratando buscamos un doctor que nos orientara en fertilidad, me dieron unas pastillas para estimular la ovulación, pero no resultó.

Al tiempo tomamos la decisión de partir a Santiago, nos fuimos recomendados por una amiga donde el Doctor Zegers y caímos en las mejores manos, una calidad humana y tacto para decirte las cosas, impresionante y se dedicaba a ti en las consultas, uno se sentía especial. Creo que hizo toda la diferencia tener un doctor que me hizo sentir acompañada en este proceso.

Partimos con una inseminación intrauterina, la cual no resultó. Decidimos pasar una in vitro, pensando que iba a ser un éxito, pero tampoco resultó.

El siguiente tratamiento fue con unas drogas más fuertes y realizamos un ICSI, la cual consiste en que el biólogo introduce manualmente el espermio dentro del ovulo, yo le decía que echaba polvitos mágicos, ese sí resultó.

¡Qué manera de llorar! Habían pasado tres años desde que habíamos empezado esta búsqueda, tenía 32 años cuando logramos nuestro primer embarazo y eran 2, no podíamos más de la felicidad.

A las 6 semanas de embarazo, ya no eran 2, era solo 1. No importó, le pusimos toda la tinca de la vida para tener un embarazo excelente.

Un 19 de marzo nació mi hija María y yo nací un poquito de nuevo con ella.

De ese in vitro, nos habían quedado algunos huevitos congelados, y los transferimos un tiempo después con todo lo que eso significaba: hormonas, viajar a Santiago, esperar, ilusionarse y nada…ninguno resultó.

Quisimos descansar por un tiempo y dejar que nuestra guagua creciera un poco, había pasado un año cuando decidimos volver a intentarlo con el último embrón que nos quedaba. Pero nuevamente no resultó.

Estábamos de nuevo en el punto de partida.

En esta nueva invitro mi cuerpo no respondía como esperábamos, necesitábamos aumentar la dosis para ver si lográbamos que mis huevitos crecieran. Recuerdo la fecha exacta: viernes 13 de nov 2014 compramos las hormonas (que no eran baratas) y alcance a ponerme 2 dosis y al día siguiente nos avisaron que nuestra casa se había quemado.

Habíamos perdido todo.

No pudimos seguir el tratamiento.

Esa época la recuerdo muy oscura, sentir que todo se estaba derrumbando, el proyecto familia y el proyecto casa propia, no quedaba nada. Fue una época negra.

De donde sacamos fuerzas? No se… pero con mi marido siempre nos hemos caracterizado en poner la frente en alto y seguir adelante.

Luego, después de mucho conversar, decidimos probar con en otra clínica, siguiendo a un doctor amigo de mi marido Sergio Varela. Otro doctor con una tremenda calidad humana y excelente empatía.

Con el hicimos un par de intentos con drogas y tratamientos alternativos que no había conocido antes, esto fueron dolorosos, me dolían los huesos, anduve hasta con cabestrillo, me dolía la cabeza, se me acalambraban las extremidades, fue impresionante sentir todo lo que estaba sufriendo mi cuerpo.

Fueron múltiples tratamientos para llegar a nuestra hija Gracia. Tenía 37 años, cuando por fin la tuve en mis brazos, después de 4 larguísimos años tratando de lograrlo. Fueron años muy difíciles, de muchas discusiones matrimoniales, sin embargo también nos unió como quien sobrevive una guerra, difícil de describir pero así se siente. Fuimos al infierno y de vuelta, juntos.

Luego de que naciera la Gracia, nos quedaban 3 huevitos congelados pero ninguno resultó.

Hoy tengo 2 maravillosas hijas, la María de 10 y la Gracia de 6, miro hacia atrás y me pregunto de donde saque tantas fuerzas, pero lo volvería a repetir. Ellas le dan sentido a cada dolor, cada pena, cada lágrima. Mi familia soñada.

Como consejo para las que están aún en esta lucha, háblenlo, exterioricen lo que están viviendo y sintiendo con amigos, familia, etc, para mí fue lejos la mejor terapia saberme acompañada.

Sepan, que no están solas. Las que recorrimos este camino antes que ustedes siempre estaremos disponibles para ayudarlas.