Fundación fënn

Testimonios

Crónica de una infértil en su trabajo

24 de noviembre de 2023

Si alguien me hubiese visto de espaldas estoy segura que habría pensado que estaba loca, entre dos pilares de cemento mirando hacia la pared con el celular en mi oreja. Lo que no sabía esa persona es que estaba recibiendo una noticia devastadora: ningún embrión había sobrevivido, no había nada para transferir. Nuestro quinto intento ya no existía, todas las ilusiones se borraron con esa llamada.

Cuando sonó el teléfono estaba sentada en una planta libre con más de 10 compañeros de oficina, cuando noté el tono de la matrona corrí a encerrarme a uno de los cubículos de vidrio. La noticia fue tan devastadora que me escondí llorando como pude. Diez minutos después estaba parada en la sala de reuniones haciendo una presentación ante la mayor parte del equipo. Ahora pienso ¿cómo lo hice? Supervivencia. Así son los extremos a los que se llega cuando se vive con infertilidad.

Para las mujeres la infertilidad significa un choque en caída libre contra la vida laboral. El inicio: los permisos, las mentiras para los exámenes, los seguimientos, las ecografías, las consultas. La continuación: el estrés, la angustia y la pena contenida. La parte que sigue: las horas de colación buscando hormonas de farmacia en farmacia, el permiso para la aspiración sin que se sepa, la esperanza, la desesperanza, la contención de todos los sentimientos día tras día.

Todo se congela, ese ascenso, el trabajo que me estaban ofreciendo en esa otra empresa pero que no tomo porque no sé en qué estaré en unos meses, o quizás porque en el fondo tampoco aguanto presiones extras a todas las que ya tengo, por lo menos ahora estoy en terreno conocido…El miedo a que mis superiores sepan que estoy haciendo todo lo posible por embarazarme y que me echen, y que sin sueldo ya no pueda pagar los tratamientos. Incertidumbre con más incertidumbre. Montones y montones de incertidumbre que se acumulan.

Hasta las vacaciones me generan angustia, las guardo como hueso santo porque necesito cada día libre para los días posteriores a la transferencia o para cualquier tipo de complicación que se pueda presentar.

Cuando pienso cómo podría mejorar la situación de las mujeres que padecen de infertilidad y tienen que lidiar con sus trabajos vuelvo a la base de todo: que la sociedad normalice esto como una enfermedad, que exista más empatía por parte de los empleadores y más respaldo legal hacia nosotras, que exista cobertura para el apoyo psicológico de quienes vivimos este proceso que es duro, muy duro.